En política, las reglas del juego democrático no pueden ser un adorno ni una sugerencia. Están para cumplirse, sobre todo cuando se trata de los mecanismos internos de participación que los mismos partidos deciden convocar. Por eso, si el Pacto Histórico realizó una consulta para definir su lista al Senado, ni Carolina Corcho ni María José Pizarro podrían ser incluidas posteriormente, sin desconocer el orden jurídico vigente.
La Ley 1475 de 2011, que regula la organización y funcionamiento de los partidos políticos, es contundente en su artículo 7°:
“El resultado de las consultas será obligatorio para el partido, movimiento, grupo significativo de ciudadanos o coalición que las hubiere convocado, así como para los precandidatos que hubieren participado en ellas.”
No hay ambigüedad posible. Si se realizó una consulta interna, sus resultados son vinculantes. No pueden ser modificados a posteriori, ni mediante acuerdos políticos, ni con la figura de la “cremallera” (alternancia de género), ni con el argumento de que se busca equilibrar representaciones. La lista debe mantenerse exactamente como quedó organizada el día de la elección interna, con los mismos nombres y en el mismo orden.
Modificarla no solo vulneraría la Ley 1475, sino también los principios constitucionales de democracia interna y transparencia, consagrados en los artículos 40 y 107 de la Constitución Política de Colombia. Estos artículos establecen que los partidos deben garantizar la participación efectiva de sus militantes y actuar bajo criterios de equidad, pluralismo y respeto a la voluntad popular.
En términos prácticos, alterar una lista producto de consulta es traicionar la voluntad de las bases y convertir la democracia interna en una formalidad vacía. La ley estatutaria fue creada precisamente para evitar que las decisiones colectivas sean reemplazadas por arreglos de cúpula o conveniencias coyunturales.
La política necesita reglas firmes y coherentes. Si los resultados de las consultas dejan de ser obligatorios, el mensaje al ciudadano es devastador: votar en los procesos internos no sirve para nada, porque los dirigentes podrán cambiar lo decidido en las urnas según su conveniencia.
Por eso, si el Pacto Histórico pretende mantener coherencia con su discurso de transformación democrática, debe respetar los resultados de su propia consulta. La legitimidad no se construye solo con votos, sino también con respeto a las normas y a la voluntad de los electores.
