Me siento profundamente orgulloso de mi recorrido político. No me arrepiento de nada y no tengo nada que ocultar. He aprendido que la transparencia no es solo un valor: es una forma de vida, una manera de entender la política desde la coherencia y la dignidad.

Fui uno de los fundadores del Partido Verde de Colombia y tuve el honor de ser su secretario general. Desde ese espacio, participé en la campaña al Congreso de 2010 por Bogotá, en lista cerrada, acompañando con convicción a Antanas Mockus y Sergio Fajardo en su proyecto presidencial. Fue una época de ilusión colectiva, cuando creímos, y muchos seguimos creyendo, que la decencia podía ser una forma de hacer política.

Respaldé a Enrique Peñalosa, entonces candidato Verde a la Alcaldía de Bogotá en 2011, y en 2014 asumí el reto de ser candidato al Senado, también por el Verde. Apoyé la reelección del presidente Juan Manuel Santos, porque la paz fue y sigue siendo uno de los grandes motores de mi vida pública. Creí, y sigo creyendo, que Colombia solo podrá avanzar si entiende que la paz no es un pacto entre élites, sino una apuesta social que nos convoca a todos.

En 2015 llevé el Verde a mi tierra, el Quindío, como candidato a la Gobernación. Tres años más tarde, en 2018, apoyé a Gustavo Petro en su camino a la Presidencia, convencido de que el país necesitaba un cambio estructural. En 2019 tuve el privilegio de coordinar la campaña de Antonio Navarro Wolff a la Alcaldía de Bogotá, en un proceso que finalmente nos unió en el respaldo a Claudia López, de cuyo gobierno hice parte durante más de un año.

En 2021 decidí hacer una pausa. Renuncié a mi cargo tras enfrentar una falsa denuncia de acoso, enviada de manera anónima, que más tarde fue desvirtuada por la Procuraduría General de la Nación. Ese episodio, duro y doloroso, me recordó que en la vida pública también hay que detenerse, respirar y reencontrar el propósito. Fue un momento de silencio y aprendizaje, en el que elegí no responder con odio ni resentimiento, sino con trabajo y serenidad.

Durante estos últimos cinco años me dediqué a hacer empresa. Aprendí, desde el otro lado, lo difícil que es ser emprendedor en Colombia: cómo se lucha por abrir una puerta, sostener un proyecto y creer en el país incluso cuando parece que todo está en contra. Fueron años de disciplina, de humildad y de reconstrucción personal. Hoy puedo decir que esa experiencia me transformó.

En 2022 no regresé a la arena electoral, pero acompañé con compromiso dos proyectos en los que creí profundamente: el de Angélica Lozano al Senado, como su coordinador de campaña en Cundinamarca, y el de Gustavo Petro a la Presidencia de la República. Lo hice convencido de que la política es una tarea colectiva, no un escenario para el ego.

A lo largo de todos estos años he defendido mis convicciones con transparencia. Nunca he sido investigado por asuntos penales ni fiscales. No debo nada. No temo nada. Mi frente está en alto, pero mi corazón sigue siendo humilde.

Hoy, a mis 48 años, regreso a la política con serenidad, experiencia y determinación. Regreso porque estoy convencido de que este es mi momento, y porque creo, más que nunca, que la política se puede hacer bien.

Vuelvo porque amo este país y su gente.
Vuelvo porque creo que aún podemos rescatar la confianza en lo público, la ética en la palabra y el sentido de comunidad que parece haberse perdido.

Este no es un regreso cualquiera. Es el comienzo de una nueva etapa, una que nace del aprendizaje, no del resentimiento; de la esperanza, no del cálculo.

La historia continúa.
Y esta vez, quiero escribirla con ustedes.